17 mar 2011

Capitulo 9 El Divorcio y las Iglesia Evangélicas




           
Si el matrimonio constituye una de las sublimes formas de las relaciones humanas, el divorcio tiene que ser una de las mas tristes manifestaciones de fracaso y de pecado en dichas relaciones. “Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”
Pero es importante aclarar que cualquier postura rígida, o extremadamente dogmática es impropia. La única respuesta valida a la cuestión del divorcio, debemos buscarla en la palabra de Dios.

-El divorcio a la luz de las escrituras.
           
            “Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”, en su mayoría, estas palabras de Jesús son una revelación de una ley moral, pero a su vez entra en la categoría de mandamiento. “serán los dos una sola carne”, Todo mandamiento divino, al ser la expresión de la buena voluntad de Dios para el ser humano, refleja la autentica naturaleza del mundo creado y del hombre dentro del mismo, pero la Biblia muestra también claramente la incapacidad del Hombre para guardar los mandamientos de Dios.
            El principio de unión nos lleva a ser idealistas, el principio de ruptura, nos lleva a ser realistas. El fundamento de la indisolubilidad del matrimonio es la clara voluntad de Dios sobre el hombre y la mujer. La separación y el divorcio son ciertamente un mal, pero a veces son males inevitables.


-El divorcio en el Antiguo testamento

            La escritura indica que la Ley de Moisés toleraba el divorcio entre los israelitas por otras causas además del adulterio, permitiendo unas segundas nupcias, se consentía sobre la base de “algo vergonzoso”, la expresión en hebreo para “algo vergonzoso” o “indecente” significa mas bien una conducta “Torpe”. No obstante Deuteronomio 24 no aprueba el divorcio; ni siquiera lo regula, simplemente lo tolera. Jesús enseña el porque de esta tolerancia, “por la dureza de vuestros corazones”

-El divorcio en el Nuevo Testamento
 Jesús no presenta una nueva Ley, en el Antiguo Testamento la infidelidad disolvía el matrimonio mediante la muerte de la parte culpable. Lo que hace Jesucristo, es señalar la realidad del divorcio como un hecho innegable producido por la infidelidad.
            La voluntad de Dios también es redentora y transformadora de la realidad de un mundo caído, aquí hay tres casos específicos:
1.- El divorcio entre creyentes
2.- El divorcio entre un creyente y un incrédulo cuando este no quiere la separación.
3.-El divorcio entre un creyente y un no creyente cuando este quiere la separación definitiva.
            En el primer caso, el apóstol sugiere que hay recursos suficientes de gracia y amor en los cónyuges creyentes para no tener que llegar a la ruptura total. Sin embargo la Biblia reconoce que, a veces, el matrimonio puede resultar difícil, intolerable y angustioso incluso entre cristianos. En estos casos, que se separen, pero que se queden sin volver a casarse, quedando la posibilidad de la reconciliación.
            En el segundo caso la parte creyente esta llamada a dar un testimonio vivo, amoroso y eficaz a la no creyente. La ruptura no tiene que venir jamás de la parte cristiana.           
En el tercer caso, el apóstol Pablo permite el divorcio y la posibilidad de volver a casarse.

El divorcio es contemplado como una realidad, realidad trágica y no deseada por Dios, pero que esta ahí como una frustración mas y un exponente claro de las consecuencias del pecad.

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